¿Sabemos quienes somos?

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La autocomplacencia nunca favorece ni ayuda. Tampoco motiva a mejorar. Por esa razón, valga de aviso previo que ninguna de las ideas que aquí se expondrán tiene nada que ver con una falsa sensación de logro total, de éxito absoluto, o de superioridad mal entendida.
Lo que queremos resaltar, sencillamente, es una realidad que a menudo pasa desapercibida: la enorme calidad, potencialidad y riqueza de nuestro propio sistema penitenciario. Nos referimos, indudablemente, al sistema penitenciario español.
Las cárceles son pequeños ecosistemas con muy diversas capas y estratos. Aludimos con esto a que no puede compararse el trabajo de un funcionario en la oficina de administración con aquel que desempeña un jurista o un funcionario de vigilancia. No por la calidad o el sacrificio, sino porque sencillamente son labores distintas. Todas necesarias, pero distintas. Sin embargo, el factor común que subyace al servicio público que representan las cárceles en España es la enorme calidad de todo su entramado. Calidad, esta vez sí, en el sentido literal del término.
Basta un rápido vistazo a las realidades penitenciarias europeas para comprobar, sin menospreciar la labor de otras administraciones, que indudablemente estamos muy por encima de la media. No se trata de conformarnos con la mera comparativa. Lo que tengan otros países no es cuestión nuestra, pero sí creemos que echar un vistazo por encima de los Pirineos abre la propia perspectiva. Es incluso necesario. Pondremos ejemplos:
1. En términos de tratamiento, disponemos de programas específicos para la práctica totalidad de tipologías delictivas. Esto es directamente impensable en otros países, y no es necesario irse a otros continentes. Aqui mismo, en Europa, resulta llamativo. Los programas específicos se extienden incluso a casos en los cuales el condenado no ingresa en prisión, con lo cual se diversifica la intervención también para las penas alternativas.
2. Somos referente en cuanto al desarrollo de sistemas de organización de la vida dentro de prisión. A día de hoy, nos siguen visitando delegaciones de otros países para ver in situ en qué consiste eso de los Módulos de Respeto. Una iniciativa que solo puede calificarse como brillante y que, sin exagerar lo más mínimo, supuso una revolución en cuanto a la organización interna.
3. No es frecuente que las administraciones penitenciarias dispongan de un protocolo de prevención de suicidios como el nuestro. En algunos países cercanos, muy cercanos, ni se contempla. Sabemos que nuestro protocolo no obra milagros, pero supone una sistematización de la ayuda profesional y una lupa terapéutica (en ocasiones muy efectiva) sobre la persona que quiere quitarse la vida. Sigue habiendo suicidios cada año, pero es justo reconocer que sigue siendo uno de los campos donde más esfuerzos realiza la totalidad del personal penitenciario.
4. La seguridad de nuestras prisiones queda fuera de todo debate. No es discutible. Por supuesto que conviene hablar de las agresiones que hay con el objetivo de reducirlas al máximo, pero no es menos cierto que las cárceles se han convertido en lugares muchísimo más seguros con el paso de los años, y que en modo alguno podemos concebirlas como escenarios de violencia, inseguridad y agresiones continuas. No es cierto. Existen prisiones en países cercanos donde se exhiben listados con los funcionarios muertos en actos de servicio.
5. En cuanto a la separación interior, conviene asomarse a prisiones europeas donde conviven 450 internos en un mismo ala (sí, el panóptico sigue vigente), donde desayunan, comen, cenan y juegan a juegos de mesa. Por no hablar que la única separación existente es la de hombres-mujeres. Disponer de módulos terapéuticos, de respeto (nivel 1, 2 o 3), ordinarios, para jóvenes, de destinos, enfermería, etc, es verdaderamente sorprendente. No para nosotros, sino cuando se explica fuera de España.
7. Los psicólogos gozan de una enorme libertad terapética, mientras exista observancia del Reglamento y la Ley orgánica. Esto significa que la prisión sigue siendo un terreno absolutamente fértil para desarrollar la intervención en la línea que uno desee, pudiendo desarrollar iniciativas de cualquier tipo siempre y cuando se respete la finalidad del tratamiento penitenciario. Unido a esto, conviene resaltar que se sigue fomentando la investigación a través de los premios Victoria Kent, así como la labor de personas ajenas al medio que desean llevar a cabo labores de investigación académica.
En resumen, no se trata de dibujar un panorama idílico, pero sí de desplazar el foco de atención a lo positivo. Cualquiera es libre para rebatir todas y cada una de las afirmaciones anteriores. Sin embargo, creemos que de vez en cuando conviene hablar de lo bueno que tienen nuestras prisiones, así como de la calidad de sus mecanismos, de sus posibilidades y de su personal.
No renunciamos a seguir mejorando, pero desde el realismo. Es muy loable buscar la perfección absoluta, pero conviene tener en mente dos realidades: una, la administración nunca podrá satisfacer todas las demandas profesionales que uno tenga (no tiene obligación de hacerlo); y dos, estamos hablando de cárceles. Esto último quiere decir que quien busque escenarios de paz absoluta y duradera, quizá debería replantearse la elección profesional.
Nos lee gente que quiere entrar a prisión a trabajar, que siente ilusión por ese mundo. Nosotros creemos en nuestro sistema, creemos en nuestros profesionales, y creemos que resaltar lo positivo es igual de importante (o más) que ofrecer de forma continua una imagen negativa de nuestro trabajo y de nuestra realidad.
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Written by oposicionesopen

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