Lo penitenciario, los medios y nosotros

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Cada cierto tiempo, de forma relativamente sistemática, se repite el ciclo: los medios de comunicación publican noticias relacionadas con lo penitenciario. Normalmente, suele tratarse de noticias con cierto grado de morbo, aunque sin entrar en lo excesivo. Se guarda una aparente neutralidad, pero se abusa de una terminología en ocasiones exagerada, llamativa, comercial, y por definición inexacta.
Nadie ajeno al medio tiene la obligación de conocer el Reglamento, ni la Ley Orgánica que nos marcan los límites y los medios. Cuando uno opina sobre un trasplante de corazón, sin ser médico, lo hace con buena intención, pero cometiendo muchos errores de terminología y de precisión.
Lo que sucede es que, normalmente, todos somos médicos y abogados. Y opinar es gratuito.
Aplicado todo lo anterior «a la cárcel», sorprende inevitablemente el enorme desconocimiento que existe en torno a la ejecución penal y a la propia intervención penitenciaria. La población ignora el cómo y el porqué se conceden permisos, el sentido del tercer grado, la naturaleza de la vida en prisión, las personas que trabajan allí, y en general los procedimientos básicos de funcionamiento. No lo planteamos como queja: nadie tiene la obligación de saber de todo, y la prisión no deja de ser un campo de trabajo y de saber muy específico y concreto.
Tampoco los medios de comunicación tienen la obligación de informar con precisión milimétrica. Los medios de comunicación son empresas privadas que buscan el beneficio, y no está escrito en ningún lugar que deban actuar con objetividad quirúrgica. Los telediarios y la prensa deben entretener, y de paso buscar telespectadores y lectores, que son en definitiva clientes que consumen un producto. Los periódicos hace mucho que dejaron de ser fuentes fidedignas de información, si alguna vez lo fueron. Por tanto, dejemos de lado la queja: «es insultante que no sepan informar«. No exijamos más de la cuenta. Cada cual es libre de buscar información donde le plazca,  y existe lo que se llama libertad de prensa.
Sin embargo, sí podemos hacer una cosa: defender nuestro trabajo, aclarar las dudas, no avergonzarnos de nuestra labor, y explicar con normalidad en qué consiste nuestro día a día.
Las prisiones no pueden ser un escenario ajeno a la sociedad. Una sociedad que tiene derecho a desconocer muchas cosas, pero que siempre estará abierta a ser informada por gente que habla con conocimiento de causa. Y por supuesto que habrá quien se manifieste con afán punitivo y rigor absoluto, pero esas personas también tienen derecho a opinar así. No se puede imponer la ideología de la reinserción por decreto.
La obligación, si puede llamarse así, puede que esté en nosotros. Todos caminamos sobre el alambre, llenos de dudas. Si tanto nos duele leer noticias llenas de morbo y llenas de imprecisiones, seamos nosotros los que acerquemos lo penitenciario a la sociedad. Cada uno desde su parcela, cada cual con sus posibilidades. Sin imposiciones.
Alguien dijo una vez que nuestro trabajo sirve para que la gente duerma más tranquila.
Pues eso. Es hora de sentirse orgulloso, de contar la realidad cuando nos pregunten, y de seguir viendo películas de cárceles que, geniales en sí mismas, también son imprecisas.
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Written by oposicionesopen

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