El escenario social

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Siempre hemos defendido que la Administración Penitenciaria española es una de las más modernas, eficaces y garantistas de Europa. Incluso del mundo. Y nos reafirmamos: estamos seguros que muy pocos países tienen un sistema penitenciario como el español, con un despliegue de medios tratamentales verdaderamente complejo y amplio.
Pero hoy no hablaremos únicamente del tratamiento (pieza fundamental pero no única), sino de la «fiscalización» permanente a la que estamos sometidos como servidores públicos, y concretamente como funcionarios del medio penitenciario.
Decimos fiscalización, pero que nadie se equivoque: no nos referimos a los presupuestos del Estado. Nos referimos al hecho de que se nos «mira con lupa». Pero no es algo que critiquemos. Al contrario, consideramos que se trata de una práctica que nos obliga a ser exquisitos, e incluso a afianzar el verdadero sentido de la pena de prisión: ofrecer todos los medios posibles para la resocialización, siempre dentro del engranaje de la ley.
Decimos fiscalización, decimos «mirar con lupa», pero, ¿a qué nos estamos refiriendo? Pues sencillamente al legítimo aparato externo que vigila los centros penitenciarios, encarnado en los jueces de vigilancia penitenciaria, Defensor del Pueblo (el nacional y los autonómicos), poderes públicos, Comités Internacionales o los propios sindicatos, por ejemplo.
Ninguno de los anteriores recibirá por nuestra parte la menor crítica. Son agentes que cumplen su función, son verdaderos poderes al servicio de la legalidad. Y todos ellos en conjunto obligan al cumplimiento escrupuloso de la normativa, obligando a dar explicaciones cuando se requieren.
¿Qué implica todo lo anterior? Pues algo obvio y que debe hacernos pensar: trabajar en prisión es trabajar con presos, delincuentes y perfiles complicados, es tomar decisiones y es lidiar con situaciones de conflicto, pero es también adherirse a la normativa, saber por donde pisamos, conocer lo posible y lo «no posible», tener claro que siempre estaremos disponibles para dar explicaciones, y comprender que las cárceles no son pantanos alejados de la sociedad, sino un escenario que toda la sociedad contempla desde fuera esperando que estemos a la altura.
Que nadie lo dude: se nos mira desde fuera.
Ahora bien, respecto a estar o no a la altura, estamos convencidos que lo estamos y lo seguiremos estando.
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Written by oposicionesopen

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