El sentido del tratamiento en prisión

Oposiciones Ayudantes y Psicólogos de prisiones en Murcia
Oposiciones Ayudantes y Psicólogos de prisiones en Murcia
Hoy publicamos acerca del tratamiento en prisión. Los psicólogos, juristas, educadores, trabajadores sociales, y también los ayudantes de Instituciones Penitenciarias, trabajamos en un medio en el que la ejecución penal está orientada a la reeducación y reinserción social. Ello nos coloca ante el tratamiento penitenciario de forma clara, como objetivo y como finalidad de nuestro trabajo. No es la única finalidad, claro está, pero sí un aspecto crucial recogido por la propia Ley y nuestro Reglamento Penitenciario.
¿Pero qué significa tratar al interno o interna?, ¿Con qué parámetros?, ¿En qué sentido?
Hemos escogido la palabra “sentido” porque tiene dos significados que creemos interesantes para esta publicación. Primero, entendiendo sentido del tratamiento como la razón que debería movernos a los profesionales penitenciarios en nuestra labor diaria. Algo así como la razón de lo que hacemos y en lo que creemos. Y en segundo lugar, el sentido entendido como dirección hacia la cual debería ir ese tratamiento. Y este último aspecto es el que hoy abordaremos.
Siempre nos gusta trabajar con nuestros opositores en base a teorías, modelos e investigaciones que sustenten intelectual y académicamente los temas. Y hoy os ofrecemos, comentado, un modelo que ha tenido enorme repercusión no sólo en la última hornada de programas para penas y medidas alternativas, sino también en diversas investigaciones acerca de la intervención con delincuentes: el modelo RNR de Andrews y Bonta. A muchos os sonará bastante.
El modelo parte de tres grandes principios, y analizaremos y reflexionaremos en qué puede afectarnos como profesionales penitenciarios cada uno de ellos.
En primer lugar, el principio de RIESGO establece que el nivel de tratamiento que ha de recibir un delincuente debe ajustarse precisamente a su nivel de riesgo. Esto es, delincuentes de mayor riesgo requieren niveles intensivos de tratamiento, mientras que los infractores de más bajo riesgo requieren niveles mínimos de intervención. Esto tiene dos repercusiones: la primera, el poder contar con la capacidad para evaluar el riesgo de manera fiable (en prisiones necesitamos emplear con más frecuencia instrumentos no sólo basados en nuestro ojo clínico, que sin duda es afilado, pero a menudo insuficiente), y la segunda, el tener claro que los internos o internas más afectados y prisionizados son posiblemente los que más pueden beneficiarse de nuestro trabajo. Por ello, tiene poco sentido aislar a los más “cacos” y no hacer nada con ellos. Es difícil, claro que sí. No siempre es posible, por supuesto que sí. Son una población resistente, sin duda. Pero no perdamos de vista que son, muy probablemente, los que más trabajo terapéutico necesitan.
En segundo lugar, el principio de NECESIDAD. Éste identifica dos grandes tipos de necesidades en el delincuente: las criminógenas (estáticas, como su historial delictivo; o dinámicas, como su nivel de empatía hacia la víctima) y las no criminógenas. Las necesidades criminógenas dinámicas son aquellos factores de riesgo que, al poder ser modificados, se asocian con cambios en la reincidencia. El tratamiento efectivo para el delincuente será aquel que se enfoque fundamentalmente hacia este tipo de necesidades. Así, por ejemplo, el abuso de sustancias, la asunción del delito y los problemas laborales son necesidades criminógenas que deben ser abordadas por la intervención; en tanto que necesidades en principio no criminógenas (por ej., la ansiedad al separarse de sus hijos) deberían limitarse a un rol secundario, dado que focalizar la intervención sobre estos aspectos no impactaría sobre el comportamiento delictivo en el futuro.
El principio anterior nos orienta a una realidad que conviene tener clara: los psicólogos en prisiones no somos terapeutas incondicionales de los internos. Somos profesionales de la salud mental, funcionarios y técnicos de la Administración, con una cualificación específica, y nuestra labor no es la asistencia terapéutica ni procurar el bienestar psicológico de los internos, sino trabajar de forma intensa para evitar la reincidencia y para modificar variables de carácter criminógeno implicadas en su comportamiento delictivo. En ese punto exacto está el psicólogo de prisiones.
En tercer lugar, el principio de RESPONSIVIDAD (o disposición a responder al tratamiento). Establece que existen ciertas características cognitivo-conductuales y de personalidad en los delincuentes que influyen sobre su disposición a responder ante diversos tipos de tratamiento. En general, las intervenciones de carácter cognitivo-conductual u orientadas al aprendizaje social parece que logran mejores resultados que otras estrategias de tratamiento (responsividad general). En base a esto, la manera en la que se dispongan las acciones de tratamiento debe considerar los estilos de aprendizaje y motivaciones de las personas que participan de la intervención (responsividad específica). ¿Qué implica esto? Que los tratamientos, en conjunto, no pueden ser idénticos ni van a tener el mismo efecto en todos los internos o internas. Lógicamente, en prisión no podemos desarrollar programas a medida, pero los tratamientos específicos permiten un suficiente margen de maniobra (dentro de una línea cognitivo-conductual que, como vemos, no es casual) para que el profesional adapte y amolde su intervención.
Finalmente, a modo de reflexión, creemos que el tratamiento penitenciario no puede ser nunca ajeno a nuestro propio marco legal. Así, ningún instrumento, sistema o estrategia pueden ser útiles o beneficiosos para los internos si no se encuentran adecuadamente ubicados en el conjunto del sistema de ejecución penal. Dicho con otras palabras, el sistema español, gestionado de forma correcta y justa, posee en sí mismo una razonable virtuosidad de reinserción. Las diferentes opciones de intervención que han ido incorporándose al mismo (y son muchas en la actualidad) pueden y deben enriquecerle en la medida en la que se armonicen con él y aprovechen de forma genuina sus principios, institutos y órganos naturales.
Y este es, creemos, el sentido del tratamiento penitenciario.

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Written by oposicionesopen

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